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El Caribe en el Cosmos 19 septiembre 2026 · 7 min de lectura

Basura espacial camino a la Luna: quién rastrea los cohetes abandonados

Una etapa de cohete impactó la Luna en agosto 2026. Así se rastrea la basura espacial cislunar y por qué RD ya tiene un rol como firmante de Artemis.

Basura espacial camino a la Luna: quién rastrea los cohetes abandonados
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A las 2:34 de la madrugada del 5 de agosto de 2026, hora dominicana, una etapa superior de cohete impactó la Luna cerca del borde occidental de la cara visible. El objeto, identificado como 2025-010D, llevaba diecinueve meses fuera de servicio.

Viajaba a unos 2.43 kilómetros por segundo. A esa velocidad, no hubo caída lenta ni aterrizaje fallido: el metal golpeó el regolito lunar, abrió un cráter y quedó convertido en parte del paisaje.

El impacto no tomó a los observadores por sorpresa. Durante meses, astrónomos profesionales, programas de búsqueda de asteroides y aficionados enviaron posiciones del objeto a Bill Gray, creador de Project Pluto. Con más de mil mediciones, la trayectoria se fue cerrando hasta anticipar el choque. El caso deja una pregunta más interesante que la del cráter: cuando una misión termina y una pieza de hardware sigue cruzando el espacio entre la Tierra y la Luna, ¿quién mantiene su expediente?

Una etapa sin misión todavía se mueve

2025-010D era la etapa superior del Falcon 9 que despegó el 15 de enero de 2025 con dos módulos lunares: Blue Ghost, de Firefly Aerospace, y Resilience, de la japonesa ispace. Después de impulsar las cargas, la etapa se separó.

Su masa exacta al final de esa secuencia no fue anunciada por SpaceX. Los cálculos de planificación usaron un valor cercano a 4,000 kilogramos. También se estima que la pieza medía unos doce metros de largo y cuatro de diámetro. Era un cilindro vacío, aunque no inmóvil: la gravedad de la Tierra, la Luna y el Sol siguió modelando su camino.

La disposición final empieza mucho antes de que una etapa se separe. Una maniobra posterior exige combustible, energía, comunicaciones y tiempo de ingeniería. Todo eso compite con la masa que se quiere enviar a la misión. En trayectorias de alta energía como la translunar, reservar margen para una maniobra de salida puede reducir lo que el lanzador entrega a su destino. Esa decisión hace que sea inevitable un impacto lunar, pero explica por qué el destino de una etapa inerte debe estar considerado desde el diseño de la misión.

Una vez separada, la etapa puede seguir una de varias rutas. Si su trayectoria cruza la superficie lunar cuando la Luna está allí, impacta. Si escapa de la región dominada por la Tierra y la Luna, puede quedar en órbita alrededor del Sol y regresar años después.

El problema de tres cuerpos calcula cómo la gravedad de dos objetos masivos afecta el movimiento de un tercero. Es un problema clásico de la astrodinámica sin solución analítica exacta. Pequeños errores en las condiciones iniciales se amplifican con el tiempo, por lo que cada trayectoria se resuelve con simulación numérica, no con una fórmula fija.

J002E3 ofrece un antecedente útil. Bill Yeung lo descubrió en 2002 y al principio pareció un pequeño asteroide temporalmente capturado por la Tierra. El espectro mostró pintura blanca y la dinámica apuntó a la etapa S-IVB del Apollo 12. Probablemente había pasado unas tres décadas orbitando el Sol antes de volver a las cercanías de la Tierra.

La distancia castiga cada medición

Cerca de la Tierra, radares y redes ópticas alimentan catálogos con decenas de miles de objetos. A distancia lunar, un eco de radar comparable llega aproximadamente 25,600 millones de veces más débil por el efecto de la distancia. Esa caída de señal es una consecuencia de la física de la distancia.

La observación óptica tiene sus propios límites. Una etapa de doce metros vista desde unos 380,000 kilómetros no se ve a simple vista. Ademas de que gira, la cara amplia devuelve más luz; un extremo estrecho, menos. Esas variaciones producen una curva de luz: un registro del brillo a lo largo del tiempo que puede revelar la forma y el período de rotación de un objeto.

La misma rotación que dificulta la fotometría también cambia cuánta superficie queda expuesta al Sol. Sobre un cuerpo hueco con mucha superficie y poca masa, esa exposición variable produce una fuerza pequeña pero continua: la presión de radiación solar. Esto es algo interesante, la luz, aunque no tiene masa, si imparte una fuerza a una superficie, alterando la trayectoria.

Si el objeto además expulsa gas residual, la trayectoria se altera todavía más. Con el tiempo, incertidumbres así se convierten en kilómetros de diferencia sobre la superficie lunar.

Danuri, LRO y el trabajo repartido

La confirmación del impacto llegó en etapas. El Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA refinó el pronóstico con datos públicos y compartió la región esperada con el equipo de Danuri, la misión lunar de Corea del Sur. Pocas horas después, la cámara LUTI de Danuri halló el nuevo cráter con una diferencia de menos de un kilómetro respecto a la predicción.

Conviene separar instrumentos que a menudo se mezclan. Danuri lleva ShadowCam, diseñada para estudiar regiones permanentemente en sombra. Las imágenes del terreno iluminado asociadas a este impacto fueron tomadas con LUTI, no con ShadowCam.

El Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA tomó sus propias imágenes entre el 11 y el 12 de agosto. Para lograrlo, sus operadores inclinaron la nave durante los pasos sobre el sitio, a unos 96 kilómetros de altura. La cámara de ángulo estrecho midió un cráter de unos 18 metros de ancho y menos de tres metros de profundidad. Las imágenes mostraron rayos oscuros de material alterado por el ambiente espacial y material más fresco excavado cerca del borde.

El Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral reportó de manera preliminar sodio y litio en una pluma observada durante varios minutos. Los rastros de sodio y litio se explican al evaluar los materiales usados en la construcción de la segunda etapa del Falcon 9.

Ninguna institución llevó sola el proceso completo. Observadores independientes reconstruyeron la ruta. NASA afinó el punto de impacto. Danuri localizó la alteración en la superficie. LRO midió el cráter. Cada paso funcionó. La cadena completa dependió de que esos pasos se conectaran.

El cráter doble de 2022 y una atribución cuidadosa

El 4 de marzo de 2022, otro objeto artificial impactó la Luna cerca del cráter Hertzsprung. Durante años se creyó que era una etapa vinculada a la misión DSCOVR. Una revisión de la trayectoria mostró que esa identificación no cuadraba.

La evidencia científica pasó a favorecer una etapa del lanzamiento Chang'e 5-T1, de octubre de 2014. Estudiantes e investigadores de la Universidad de Arizona observaron el objeto con el telescopio RAPTORS, instalado en la azotea del edificio Kuiper. Su espectro y sus cambios de brillo apoyaron un origen artificial. Un artículo revisado por pares publicado en 2023 llegó a esa atribución con alta probabilidad.

La formulación importa. La Administración Espacial Nacional China negó que fuera una etapa superior de uno de sus cohetes, pero el Comando Espacial Estadounidense (USSPACECOM) confirmó que la etapa del gobierno Chino no reingreso a la atmósfera terrestre.

Después del impacto, LRO encontró dos cráteres juntos, de unos 18 y 16 metros. Esa geometría sugiere concentraciones de masa en ambos extremos del objeto: una pista física que ayuda a contrastar modelos de masa y de impacto, sin necesidad de invocar carga oculta o intención.

Esta es una vista animada del antes y el después del cráter formado tras el impacto de una etapa superior de un Falcon 9 contra la superficie lunar el 5 de agosto de 2026. Las imágenes fueron tomadas entre el 11 y el 12 de agosto por la Cámara de Ángulo Estrecho del Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA. Se ampliaron tres veces respecto a las originales, están orientadas con el norte hacia arriba y cubren una zona de aproximadamente 400 metros de ancho. Crédito: NASA Goddard/Intuitive Machines

Para un estudiante, el caso se parece más a una investigación forense que a leer una etiqueta: hay que cruzar órbitas, curvas de luz, espectros, archivos de lanzamiento e imágenes del terreno.

¿Quién rastrea cuando nadie tiene el expediente completo?

Gray no trabaja para una agencia estatal. Reúne observaciones de encuestas astronómicas y telescopios de distintos tamaños, ajusta órbitas y publica predicciones. Su trabajo ilustra una realidad: la capacidad de observar existe, pero no está reunida en un catálogo civil, público, universal y sostenido para los objetos cislunares.

También hay capacidades oficiales selectivas. En marzo de 2024, la 19th Space Defense Squadron de Estados Unidos siguió el módulo Odysseus en el espacio cislunar con sensores de espacio profundo. Eso no equivale a un inventario abierto que mantenga bajo vigilancia continua cada etapa abandonada.

Los operadores conocen bien los vehículos que siguen activos. Con el tiempo, una etapa inerte puede dejar de recibir atención de ingeniería. Los observatorios detectan puntos débiles aunque su misión principal sea buscar asteroides. Los orbitadores lunares comprueban las consecuencias cuando la geometría permite observarlas. La custodia llega en etapas.

República Dominicana firmó los Acuerdos Artemis el 4 de octubre de 2024 como su signatario número 44. El país respaldó principios de sostenibilidad lunar dentro de un sistema que aún no ofrece una infraestructura común para seguir cada pieza de hardware.

COPUOS, el comité de Naciones Unidas para el uso pacífico del espacio ultraterrestre, trabaja en consultas sobre actividades lunares. Ese proceso tampoco es un catálogo ni una autoridad de tráfico. Sí es uno de los lugares donde el intercambio de datos puede pasar de arreglos informales a reglas compartidas.

Una medición desde Santo Domingo también cuenta

En 2019, miembros de la Sociedad Astronómica Dominicana, registraron desde Santo Domingo el destello de un meteoroide contra la Luna. El registro formó parte de un análisis científico con colaboración de investigadores de Colombia.

Ese antecedente no significa que República Dominicana pueda rastrear mañana una etapa a distancia lunar. Para eso hacen falta telescopios, cámaras, monturas, sincronización temporal, cielo disponible y protocolos de reducción de datos adecuados. Pero muestra una posibilidad real: una observación local bien tomada puede entrar en una investigación internacional.

Una red caribeña también aporta cobertura. Cuando en un observatorio amanece o una nube cierra el cielo, otro puede sostener la campaña. El primer paso es hacer un inventario de los instrumentos que existen en la región y la precisión que alcanzan, para saber dónde aportarían valor real dentro de una campaña de observación.

El cráter de agosto mide unos 18 metros y permanecerá en la Luna por muchísimo tiempo. La pregunta que deja el impacto no es cuántos años durará esa marca. Es cuántas etapas como 2025-010D siguen recorriendo trayectorias que conocemos solo a medias.

Con las nuevas misiones lunares de la NASA y otras agencias, se estiman más de 100 misiones destinadas a la Luna en la próxima década. Ese volumen de lanzamientos aumentará la basura orbitando la región lunar, y con ella el riesgo de impacto. Reducir ese impacto en un entorno hasta ahora prácticamente intacto empieza por las mismas preguntas que enfrentamos en órbita terrestre — ahora aplicadas a un vecindario nuevo.

Hasta la próxima.


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